La consultante (34 años) acude a una entrevista única donde expone como motivo de consulta su cuadro psicosomático histórico caracterizado por episodios agudos de vómitos, dolor gástrico e inmovilización en cama. Respecto a su estatuto temporal, la consultante especifica que el síntoma somático principal se encuentra en remisión: «llevo cinco años sin ninguna crisis», habiendo ocurrido el último episodio durante el traspaso del negocio familiar en 2018. Actualmente, lo que describe como activo y limitante es el miedo anticipatorio a una recaída («a volverme a quedar en la cama»), la vivencia de bloqueo para buscar empleo activo y la dificultad para poner límites en sus relaciones interpersonales cotidianas.
En cuanto a su historia biográfica y de fondo, relata haber iniciado los episodios eméticos alrededor de los nueve o diez años, tras la separación de sus progenitores, utilizándolos inicialmente como conducta para demandar atención materna: «Yo era la que me provocaba el vómito para llamar la atención de mi madre». Describe la muerte repentina de su madre por un ictus cuando ella tenía quince años (hacia 2004), un distanciamiento prolongado de su padre —fallecido en 2022 por cáncer de páncreas, a quien cuidó en sus últimos momentos y con quien realizó un ritual de despedida en [localidad]— y una relación de distanciamiento y temor hacia su hermano mediano. Respecto a eventos médicos críticos pasados, relata un ingreso hospitalario prolongado con estancia en UCI debido a una crisis convulsiva derivada de hiponatremia por deshidratación. Actualmente convive con su marido y ha acogido temporalmente en su domicilio a su hermana mayor tras un divorcio, situándose como mediadora en la tensión convivencial entre ambos.
En el ámbito conductual y afectivo observable, la consultante muestra llanto y ojos humedecidos al evocar su necesidad histórica de afecto («siempre he anhelado que me quieran»), alternando con risas al narrar situaciones de sobrecarga económica, conflictos familiares y experiencias pasadas de desamparo. Verbaliza una pauta constante de anteponer las necesidades ajenas para sentirse útil («hago cosas por los demás que no hago por mí misma»), así como rechazo al contacto físico afectivo cuando se encuentra vulnerable («a mí el contacto físico no, no me gusta»).
En relación con los antecedentes de riesgo, la consultante relata conductas autolesivas en la adolescencia («cogía una cuchilla y me cortaba los brazos») e ideación autolítica en momentos de sobrecarga pasada: «o tiras pa'lante tú o te tiras de un puente, que también lo he pensado muchas veces», verbalizando pensamientos como «si yo no estoy, estos problemas no existen», los cuales enmarca como ideas pasadas no ejecutadas.
Durante la sesión, el profesional realiza intervenciones orientadas a explorar los orígenes relacionales de su necesidad de complacer, reformula las manifestaciones somáticas como expresión física de afectos no verbalizados («el cuerpo traduce aquello que no pueden decir las palabras») y valida las estrategias de diálogo interno que la paciente ha desarrollado en procesos terapéuticos previos. La consultante participa activamente validando las observaciones y reconociendo su proceso de aprendizaje actual para expresar desacuerdos de forma directa. Al tratarse de una sesión de encuadre único, no se establecen tareas intersesiones ni continuidad del tratamiento.